Información falsa

No podemos confiar en la información que recibimos ni los análisis que nos presentan.



Ahora que se acerca el último debate presidencial y el final de la campaña del 2018, han aumentado las noticias falsas, las “fake news”, asunto tan importante que hasta el Papa Francisco lo tomó como tema de su mensaje a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Para el ciudadano que quiere votar en conciencia, el tema es importante. ¿Cómo defenderse de estos infundios?

 

Es un concepto tan antiguo como la política y la guerra. La información puede ser un arma y la desinformación, también. Pero actualmente, ahogados en un mar de información y de métodos para tenerla con mucha facilidad, a un costo prácticamente nulo pero sin validación, hemos entrado en lo que algunos han llamado la era de la información y otros le llaman la era de la confusión o de la infoxicación: la intoxicación por exceso de información. Pero, seguramente para quitarle ese tono un tanto negativo, ahora se está hablando de los conceptos de “realidades alternativas”, formas diferentes de presentar la información alegando que tienen la misma validez que la que nos pueda dar la razón y el sentido común. Un concepto ampliamente aprovechado en las últimas elecciones en los Estados Unidos y que ahora se propone exportar a otros países, y en particular al nuestro.

 

Estamos hablando de algo más allá del antiguo y muy conocido relativismo: el concepto de que “nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”.

 

El concepto de validar la información está siendo abandonado. Nadie se molesta en comprobar el origen de las fuentes de información, la solidez de quienes la emiten ni el contexto en el cual se creó esa información. Basta con decir que apareció en el internet para que muchísimas personas acepten como verdad esa información. Y ahí hay un peligro importante. No hay ninguna regla obligatoria para asegurar que lo que se publica en internet esté comprobado. Usted y yo podemos mañana crear una nueva página en la web, con la receta de polvos para matar dragones. No hay ley que lo impida ni organización que lo vigile.

 

Ante esa situación, cada vez se vuelve más difícil poder contar con información confiable. Sin embargo, algunas reglas de sentido común pueden ser útiles. Algunos aspectos para analizar:

 

* ¿Quién es el autor? ¿Cuáles son sus conocimientos, su capacidad sobre el tema? ¿Es conocido? ¿Publica anónimamente? Todo eso nos puede dar un índice de la credibilidad del autor.

* ¿Dónde publica? ¿Es una fuente reconocida? ¿Cuál es su línea editorial? ¿Tiene la costumbre de confirmar sus fuentes y reconoce sus fallas, cuando las ha tenido? ¿Da espacio a los que cuestionan su información?

* ¿Cuáles son las fuentes de información que usa? ¿Usa información comprobable y de primera mano? ¿Cita sus fuentes o usa el socorrido remedio de hablar de “fuentes bien informadas?

* ¿Ha sido atinado en otros temas? ¿Tiene fama de ser cuidadoso en sus afirmaciones? ¿Se le reconoce su capacidad para encontrar la verdad entre un montón de mentiras?

* ¿Quiénes lo aprueban? ¿Quiénes lo rechazan? ¿Es el consentido de algunos partidos o el rechazado por otros? ¿Es reconocido por divulgar boletines de prensa del Gobierno y de Partidos, sin un análisis crítico?

 

Tristemente, no podemos confiar en la información que recibimos ni los análisis que nos presentan. Una sana desconfianza nos pide que, para poder votar conscientemente, pongamos en duda la información que recibimos y hagamos un esfuerzo por confirmarla. Cierto, no es fácil. Cierto, es trabajoso. Nunca tendremos la totalidad certeza de que nos dan la información correcta. Pero en nuestra conciencia quedará el haber hecho el esfuerzo por tener la información más adecuada.

 

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com