Dresser, Mara, la indignación y la semana después

La actitud hipócrita y demagógica de Denise Dresser, así como de parte de la sociedad se vieron claramente reflejados en el lamentable caso de Mara Castilla.



¿Se acuerda usted de Mara Castilla? ¿No?

Vamos, haga un esfuerzo.

No, no se vaya a Google. Mejor vaya a Facebook y revise sus publicaciones de septiembre del 2017; seguramente habrá por lo menos una en la que denuncia o comparte alguno de los indignados reclamos respecto al asesinato de esta estudiante, que abordó un vehículo de la plataforma Cabify y murió “presuntamente” a manos del chofer. La proverbial torpeza de las autoridades y sobre todo el acuciante dolor de la familia hicieron de la búsqueda de Mara y la identificación de su asesino una noticia que escaló, primero los titulares de la prensa local y, eventualmente los de la nacional, despertando una oleada de necesarios reclamos provenientes de todos los ámbitos.

Fue el escándalo, y en el río revuelto la justificada denuncia se mezcló con la cínica explotación. Multitud de colectivos, grillos versátiles, intelectuales y ciudadanos “despiertos” (de esos que no ven Televisa y leen muchos libros), se montaron en el tema para impulsar sus agendas ideológicas o personales, formando un auténtico coro en el que competían por construir la frase más lastimera, la denuncia más sentida, la afirmación más clara de su propia superioridad moral.

Hubo marchas, poemas, proclamas y entrevistas, porque no había tema más importante en el país, al menos hasta que inició el siguiente ciclo de noticias y todos pudieron dejar de fingir que en serio les interesaba el caso, para enfocarse en la siguiente denuncia de la semana.

Aun en el cenit de la sensiblería, el 18 de septiembre Denise Dresser elevó el usufructo de la tragedia al nivel de las bellas artes, con su artículo titulado “Mara” en el que condensó la demagogia que había circulado durante los días previos, repartiendo culpas a diestra, siniestra y funesta. Lo verdaderamente grotesco fueron las líneas en que prácticamente le declama:

“…en esos días en los que no sabíamos dónde estabas, te volviste mía. Te adopté y todas las mañanas revisaba la prensa y las redes sociales para saber algo de tu paradero.” “…quiero gritar y gemir y ser yo la que está en ese pedazo de tela blanca ensangrentada y esconderme de la vida y de los vivos porque me da pena mi país”. Y el paroxismo: “esto sí te prometo, Mara. Mara bonita, Mara, mexicana, Mara mía y de todos. Me haré y nos haremos responsables de los hombres ignominiosos detrás de tu muerte”.

Tras una promesa tan contundente, uno podría esperar que doña Denise tradujera en hechos la fuerza de sus palabras, que se trasladaría a Puebla a investigar o al menos que presionaría un día sí y otro también, usando todos sus espacios en los medios de comunicación para que el culpable y sus cómplices carguen con todo el peso de la ley, pero no fue así.
Desde entonces, y al menos hasta el 10 de octubre del 2018, la señora Dresser ha publicado un total de 52 artículos en el periódico Reforma. Nunca volvió a referirse al tema. De Mara, ni siquiera su nombre, de la “injusticia cósmica” y de sus promesas para “hacerse responsable” de los culpables del asesinato sólo quedó, aplastada en tinta y convertida en paño para limpiar vidrios, la pontificación quejumbrosa de una sola semana, porque pasado el escándalo surgieron otras coyunturas por explotar, para venderle a sus lectores esa horrenda charlatanería beata de la que Dresser es experta y que tantos voceros de la progresía hacen pasar como intelectualidad para el consumo de hípsters y fifís, para quienes la indignación de esta mañana será un no me acuerdo la semana después.

Por cierto…

A más de un año del crimen, el presunto asesino de Mara aprovechó la absurda obsesión de nuestras leyes con los formalismos y las brechas abiertas por el ya no tan nuevo sistema de justicia penal, para obtener varios amparos que han obligado a reponer el proceso por feminicidio, el cual apenas volvió a avanzar a mediados de este septiembre. ¿Y los indignados del año anterior? Bien, gracias; ni por enterados se dan.

Personas libres y mercados libres
Wellington.mx

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