¿Qué nombre le pondremos al niño, "Matarile-rile-rile"? Print
Written by Raúl Espinoza Aguilera   
Thursday, 25 March 2010 00:00

El “Matarile” era un inocente juego infantil que consistía en formar dos equipos y proponer un nombre al niño seleccionado. Habitualmente se comenzaba gastando bromas y sugiriendo nombres ocurrentes como: “piojo atropellado”, “vampiro tuberculoso”, “chango molacho”… El interesado –como era de esperarse– se indignaba, para regocijo de sus compañeritos, hasta que por fin había un nombre o mote que le agradaba al pequeño.


Este juego me viene a la memoria cada vez que escucho alguno de esos nombres folclóricos que se estilan ahora, porque va siendo más frecuente que algunos niños y jóvenes tengan nombres no cristianos. Algunos de ellos han sido tomados de los personajes de series de televisión o, si son chicas, de actrices de telenovelas.

En el colegio donde daba clases, me encontraba con algunos de esos nombres pintorescos en mis alumnos.

Le preguntaba a alguno:

–¿Y tú por qué te llamas Kevin?

–Es que a mi papá –me respondía– le gustaba mucho aquel programa de la tele: “Los años maravillosos” y decía que le recordaba su niñez.

–A otro le decía:

–¿Y el nombre de Allan, de dónde te viene?

–Por una película que le gustó mucho a mi mamá y el personaje era un galán. Ella quería que me pareciera a él.

El alumno en cuestión era más bien bajito y regordete, con la cara muy redonda y los pelos de la frente parados con gel, como lo usan algunos.

A otro también le preguntaba:

–¿Si te llamas Brian, por qué lo escribes como “Brayan”?

–Es que así está en mi acta de nacimiento.

Lo mismo sucede con otros alumnos que si se llaman John, lo escriben como “Yon”; o Jordan y lo anotan como “Yordan”, y si en la lista escolar aparece oficialmente redactado como Hans, en la práctica el pequeño lo escribe como: “Jans”.

A la hora de la salida del plantel educativo cuando las familias vienen a recoger a sus hijos, me encontraba también con que muchas de las hermanitas de mis alumnos tenían nombres, como: Suzzet, Yadira, Janet, Jessica…

Saludaba a algunas de las mamás que se acercaban al salón de clases para recoger a alguno de mis alumnos, y que solían venir acompañadas por sus niñas, de pocos años y con aspecto simpático y gracioso:

–¿Cómo te llamas? –solía preguntarles a alguna de las pequeñas–.

–Yazmín –me contestaba–.

Le comentaba a la madre de familia:

–Ya me he encontrado con varias niñas que tienen ese mismo nombre, ¿por qué, señora?

–Es que así se llama una actriz de una telenovela que fue muy famosa hace algunos años.

Por otra parte, tengo un recuerdo muy grabado y es lo más original que he escuchado. A un chico le llamaban “el usnavi”. Al principio pensé que se trataba de un apodo.

Luego me aclaró uno de sus familiares que así le decían en su casa porque resulta que su padre estuvo trabajando una larga temporada en Estados Unidos, concretamente en San Diego, California.

–¿Y eso qué tiene que ver? –le pregunté sorprendido–.

–Bueno, lo que pasa es que a mi tío le gustaba pasear por el puerto y contemplar los enormes buques de guerra navales. Así que le tomó una gran admiración a los marines.

–¿Y por qué ese nombre? Sigo sin entender…

–Decidió ponerle a su hijo mayor “U.S. Navy”, pero sus cuates y los compañeros de la escuela simplemente le dicen: “el usnavi”.

Quiero dejar claro que ante todo existe la libertad que tienen los padres de elegir los nombres para sus propios hijos, pero junto con la confusión ortográfica que algunos de estos nombres generan, me parece –aunque es opinable– que en lengua castellana tenemos nombres muy bellos y sonoros, y es enorme la variedad para escoger.

Pero introduciéndonos más al fondo de la cuestión, me parece que con facilidad se olvida lo que ha sido la tradición cristiana por más de 20 siglos. Es decir, que a los hijos se les acostumbraba poner nombres de santos, ya que éstos, como se encuentran gozando de la Gloria de Dios, tienen la misión de interceder por quienes acuden a ellos o se ponen bajo su especial patrocinio, llevando desde la pila bautismal sus nombres.

¿Quiénes son los santos? Personas –mujeres y hombres– que lucharon a lo largo de su vida y se esforzaron por identificarse con nuestro Modelo que es Jesucristo. Algunos –quizá la gran mayoría– llevaron una existencia normal, como la mayoría de nosotros; otros murieron en el martirio, ofreciendo su sacrificio y derramando su sangre para defender heroicamente la fe en Dios.

En este punto, me parece oportuno recordar que la santidad es asequible a todos, en las diversas profesiones y estados y en las circunstancias más comunes y ordinarias. “Santo no es el que nace sino el que se hace” –como dice el proverbio– tras empeñarse todos los días en mejorar un poco, aunque se constate a menudo que se tienen defectos y equivocaciones. Lo importante es saber rectificar el rumbo y, si se tienen derrotas y caídas, levantarse con nuevos bríos, confiados en la Gracia de Dios que nunca faltará.

Por la Comunión de los santos, en la Iglesia Católica todos pertenecemos a una gran familia: la Iglesia triunfante de los santos que se encuentran ya en el Cielo; la Iglesia Purgante, donde están las almas del Purgatorio y conviene rezar por ellas para que pronto entren en el Gozo Eterno. Y, finalmente, la Iglesia Militante, es decir, los cristianos que estamos en la tierra procurando seguir los pasos y el ejemplo del Maestro.

Es importante saber que los santos piden ante Dios por nosotros para que alcancemos también la salvación eterna. Luego entonces, es conveniente acudir con frecuencia a ellos e imitar sus vidas edificantes, comenzando por la Santísima Virgen María.

Si alguien tiene la fortuna de haber sido bautizado con un nombre de un santo cristiano, es recomendable que se encomiende a él y le pida favores concretos en beneficio de su propia alma y la de los demás.

Nosotros nos encontramos en la tierra caminando hacia el Cielo y estamos muy necesitados de la misericordia del Señor. Por ello, hemos de alentar la esperanza, sabiendo que en la Vida Eterna nos espera una multitud incontable de amigos que son los santos.

Sin duda, este tiempo en que termina la Cuaresma y está cercana la Semana Santa, es una buena época para acercarnos a Cristo a través de los Sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía, así como con la práctica de las buenas obras y de la penitencia.

También es muy recomendable acudir a la eficaz ayuda de esos grandes intercesores y amigos, los santos. De allí la importancia que tiene que los padres pongan a sus hijos nombres de las vidas ejemplares de santos cristianos.

 
 
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